viernes, 27 de marzo de 2026

Domingo de Ramos. 2026.-


Bendición de las palmas: Mateo. 21: 1 – 11.

Por un momento los judíos viven lo que anhelaban: ¡la llegada del mesías victorioso! La actitud de Jesús muestra que no es lo que pensaban: “...un rey, apacible, montado en un burro, un burrito, hijo de animal de yugo”, mas no entendieron el mensaje. La emoción del momento fue fugaz, pues esos mismos que ahora lo aclaman: “¡hosanna!, ¡viva el hijo de David! ¡bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!, gritarán días después: “¡crucifícalo!”. Que el Señor fortalezca nuestros corazones para que no nos envuelvan la ingratitud y la superficialidad, y que nuestro júbilo sea porque vamos asimilando, “los sentimientos de Cristo Jesús”.


Textos de la misa:

Isaías 50:4-7
Filipeses2: 6-11
Mateo 26:14 – 27: 66

Es una liturgia larga, pero ¡bien lo merece el Señor y mucho lo necesitamos nosotros! Orar, meditar, contemplar y quedarnos admirados.

  • Isaías, en uno de los cuatro cantos del “siervo sufriente”, muchos años antes, nos describe a Jesús. Pablo en la carta a los filipenses, nos hace recapacitar en el fruto de la obediencia al Padre: el himno cristológico: ese es el camino del amor por nosotros, la causa de su exaltación en la resurrección.  Durante el relato de la pasión, apliquemos las realidades contempladas.  En ella está condensada la confesión fundamental de la fe cristiana: “Jesucristo es el Señor.    
  • La oración colecta, el prefacio y la oración sobre las ofrendas nos hacen mantener el  ritmo en el mismo tono: por la pasión, la cruz y la muerte, hacia la resurrección.
  •  Mateo narra lo sucedido. Sorprende la extensión del relato de un solo día de la vida del Señor.
  • Acompañemos a Cristo en esta máxima prueba. “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos.” (Jn. 15:13)
  • Mientras escuchamos, vayamos captando las actitudes de Cristo y las de los personajes que intervienen. ¿con quiénes nos identificamos?
  • En un momento de silencio permitamos que se asienten en nuestro interior las vivencias que el espíritu haya suscitado.
  • Escuchamos la pasión, en la liturgia dominical, para que nuestros corazones vivan en la semana lo que cristo hizo por nosotros y para que comprendamos cómo inicia el camino de la pascua.
  • El próximo domingo reviviremos el culmen de esta entrega: “por eso dios le dio un nombre sobre todo nombre” (Filip. 2: 9).
  •  Solamente asemejándonos a Cristo en la entrega lo seguiremos en la resurrección.
  • Pidamos esta actitud para recibir el don nuevo de Cristo y de su Espíritu.

jueves, 19 de marzo de 2026

5º. Cuaresma: 22 marzo 22 2026.-


Primera Lectura:
del libro del profeta Ezequiel 37: 12-14
Salmo Responsorial, del salmo 109: Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los romanos 8: 8-11
Evangelio: Juan 11: 1-45

¡Defiéndeme, Señor, de mí mismo; de mi superficialidad, de mi apatía, de mi alejamiento de ti y de los demás! ¡Soy, tantas veces, mi peor enemigo y por eso pongo toda mi confianza en ti, mi Dios y mi defensa!

La auténtica liberación, la salvación, la resurrección: conocer, aprender y continuar el camino de entrega que nos dejó Jesús, hijo de Dios y hermano nuestro.

Pidamos que nuestros interiores reaccionen, que nuestros corazones latan con más fuerza, sabiendo que “Dios siempre cumple sus promesas”. ¿Qué escuchamos por medio del profeta Ezequiel?: “yo mismo abriré sus sepulcros, los conduciré a la tierra prometida” – la que ellos esperaban -, a la patria eterna, la que nosotros esperamos.

Palabra y promesa llegan desde Dios mismo: “sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo cumplo.”  Revivimos al pueblo de Israel, “pueblo de cabeza dura”; reconocemos en el salmo y confesamos al señor nuestra impotencia, junto a nuestro arrepentimiento “desde el abismo de nuestros pecados”; nos sentimos fuertes porque nos apoyamos en lo que permanece: “su amor, su misericordia, su consciente olvido de nuestras faltas, para alcanzar su perdón.”

Tenemos un ancla segura en lo que nos comunica San Pablo, si de verdad nos esforzamos por vivirlo: “ustedes llevan una vida conforme al espíritu que ya está en ustedes. Ese Espíritu, que es Dios mismo, que resucitó a Jesucristo, los resucitará a ustedes y les dará, aun a sus cuerpos mortales, una nueva vida.”   Esta visión tiene que iluminarnos ante la certeza de que un día nos encontraremos con él y que queremos, esperando contra toda esperanza meramente humana: mirarnos en aquel que “es la resurrección y la vida” y que nos hará partícipes de la felicidad que no termina.

El evangelio nos anima, abre el horizonte, rompe las cadenas del espacio y el tiempo, confirma la victoria que Jesús ya logró frente a la muerte. Nos enseña a superar los “peros”, las lágrimas, (verdaderas, porque el cariño sufre), las lamentaciones inútiles, lo incomprensible: “ya hace cuatro días…, huele mal…, si hubieras estado aquí…, las críticas: “¿no podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que lázaro no muriera…?” 

Jesús ora, implora al padre y con voz segura, manda: “¡Lázaro, sal de ahí!” El milagro está patente, la palabra de Jesús, él mismo, es vida y la comparte: “desátenlo para que pueda andar.” El asombro sacude a todos; Martha y maría llevarán grabado para siempre: “¿no les he dicho que si creen, verán la gloria de Dios’?” 

Probablemente habremos dicho: “todo tiene remedio menos la muerte”, ¡qué equivocados estábamos!, la resurrección nos aguarda, vivamos de tal manera el presente que preparemos el futuro para ser envueltos en la gloria de Dios.