viernes, 15 de julio de 2016

16° Ord. 17 julio 2016



Primera Lectura: del libro Génesis 18: 1-10
Salmo Responsorial, del salmo 14: ¿Quién será grato a tus ojos, Señor?
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los colosenses 1: 24-28
Aclamación: Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero, y perseveran hasta dar fruto.
Evangelio: Lucas 10: 38-42.

Tú eres, Señor “auxilio y poyo”, en Ti podremos crecer en “la fe, la esperanza y la caridad”, que es el amor. Solamente así seremos capaces de mantenernos en tu servicio y en el de los demás.

De Ti viene la capacidad de escucha, de hospitalidad, de contemplación y de acción Meditábamos el domingo pasado qué difícil es recibir con amabilidad a un desconocido y ahora nos haces comprender lo que muchos años después, inspiraste al escritor de la carta a los Hebreos, en 13:2: “No se olviden de la hospitalidad; gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”, y, en ellos, a Ti, como le sucedió a Abrahám. Recibirte es acoger la promesa, es, vivir ya la salvación.

Muchos han visto, en el relato del Génesis, una anticipación de la Trinidad, “misterio mantenido oculto desde siglos y generaciones y que ahora has revelado a tu pueblo santo”, que, unido a las tribulaciones de Cristo, Dios hombre, nos invita a acoger a todo hombre, sin distinción de raza, pueblo o nación, para llevar a cabo la obra de la redención.

¿Qué podemos los hombres ofrecerte que sea grato a tus ojos?: “Honradez, justicia, sinceridad y apertura”, y cómo lograrlo sino contemplándote y escuchando tu palabra, desde la Palabra. Son demasiadas exterioridades las que nos preocupan, cuando “una es necesaria”, que sepamos escogerla y, como el prudente del Evangelio, cimentados en Roca, llevarla a cabo.

María y Martha nos muestran el camino de conjunción, el que, sin duda, ya habremos escuchado: “Ser contemplativos en la acción”. Que Jesús Eucaristía nos ayude a esa conversión tan necesaria.