sábado, 8 de abril de 2023

Resurrección, 9 abril 2023.-


Primera Lectura:
del libro de los Hechos de los Apóstoles: 10: 34, 37-43;
Salmo Responsorial, del salmo 117: ¡Aleluya, aleluya!
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los colosenses 3: 1-4
Evangelio: Juan 20: 1-9.
 

“¡El Señor ha resucitado! Aleluya”. La soledad, la angustia, el sufrimiento tienen un sentido, jamás han sido ni serán lo definitivo; son realidad y misterio a la vez; son compañeros de nuestro caminar al lado de Cristo; son invitación a penetrar, con fe, a veces temblorosa y dubitante, pero que quiere ser sincera, lo que vivió con plena convicción Jesús y cuantos lo han seguido con la mirada y el ser entero clavados en Él; lo confesamos con San Pablo el Jueves Santo: “Que nuestro orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque  en Él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por El hemos sido salvados y redimidos.”  (Gál. 6: 14) Quizá lo balbucimos temerosos, pero no, si miramos el presente con la seguridad del futuro pleno de certeza: “He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría es maravillosa.” Más allá de toda ciencia, de toda filosofía, de toda imaginación, está la realidad, la Palabra que se cumple, la promesa que llega a su plenitud: “El Hijo del hombre va a ser entregado a los gentiles, y será objeto de burlas, insultado y escupido y después de azotarlo, lo matarán y al tercer día resucitará.” (Lc. 18: 31-33) El trago amargo, verdadero, dramático, brutal, ha pasado, ahora está la victoria sobre el último enemigo que sería destruido, la muerte. (1ª. Cor. 15:25) “¿Dónde está, muerte tu victoria?, ¿dónde tu aguijón?”  (1ª. Cor. 15: 55) “Muriendo, destruyó nuestra muerte, resucitando nos dio nueva vida.”   

¡Esta es la fe que alienta y fortalece a la primitiva comunidad cristiana! Es la que nos tiene que consolidar en la Esperanza que con firmeza expresa San Pedro: “Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret y pasó haciendo el bien… Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día… Nosotros hemos sido testigos… Hemos comido y bebido con Él, nos mandó a predicar al pueblo y a dar testimonio de que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos… El testimonio de los profetas es unánime, que cuantos creen en Él, por su medio, recibirán el perdón de sus pecados.”  ¡Ésta es nuestra fe que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro! Ya resucitados con Él, “busquemos  los bienes de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios…, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” ¡Hagámosla patente! Como Él, “pasemos por la vida haciendo el bien”, pensando en lo que nos espera: “la manifestación gloriosa, juntamente con Él.” 

Quien ama busca, aun lo que “humanamente parece perdido sin remedio”; ¡Busca la vida aun en la muerte! María lo hace, va al sepulcro, ve que la piedra ha sido removida, la agitación la envuelve, echa a correr y, angustiada, avisa a Pedro y a Juan: “Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto.” Estos, a toda prisa se dirigen al sepulcro; llega Juan primero pero, respetuoso, aguarda a Pedro, no obstante, se asoma y mira “los lienzos puestos en el suelo”. Llega Pedro y entran juntos, constatan lo ya visto “los lienzos en el suelo pero el sudario doblado, puesto en sitio aparte.” Entonces “vio y creyó, pues no había entendido las Escrituras según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.” 

¡Lázaro salió atado! Aquí comprende que las ataduras de la muerte han sido rotas y que ¡ésta es la verdadera Resurrección! 

Cristo vive, Cristo triunfa, Cristo aguarda a que lo busquemos. Estemos seguros de que se dejará encontrar. Está mucho más cerca de lo que imaginamos. Confiemos en que nos abrirá el entendimiento y el corazón para comunicar a todos esta certeza y demos, con nuestras vidas, nueva vida al mundo. “Ya está su mano sobre nosotros”.

viernes, 31 de marzo de 2023

Domingo de Ramos, 2 abril 2023


Por un momento los judíos viven lo que anhelaban: ¡la llegada del Mesías Victorioso! La actitud de Jesús muestra lo que no pensaban, se presenta como: “...un rey, apacible, montado en un burro, un burrito, hijo de animal de yugo”…, no entendieron el mensaje. La emoción del momento fue fugaz, pues esos mismos que ahora lo aclaman: “¡Hosanna!, ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!, gritarán días después: “¡Crucifícalo!” 

Que el Señor fortalezca nuestros corazones para que no nos envuelvan la ingratitud y la superficialidad, y que nuestro júbilo sea porque vamos asimilando, “los sentimientos de Cristo Jesús”. 

Textos de la Misa
Primera Lectura: del libro del profeta Isaías 50:4-7
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los filipenses 2: 6-11
Evangelio: Mateo 26:14 a 27: 66.

Es una liturgia larga, pero ¡bien lo merece el Señor y mucho lo necesitamos nosotros! Orar, meditar, contemplar y quedarnos admirados. Isaías, en uno de los cuatro cantos del “Sirvo Sufriente”, muchos años antes, nos describe a Jesús. Pablo en la carta a los Filipenses, nos hace recapacitar en el fruto de la obediencia al Padre, el himno cristológico: ese es el camino del amor por nosotros, la causa de su exaltación en la Resurrección.  Durante el relato de la Pasión, apliquemos las realidades contempladas.  En ella está condensada la confesión fundamental de la fe cristiana: “Jesucristo es el Señor”.    

La oración Colecta, el Prefacio y la oración sobre las Ofrendas nos hacen mantener el ritmo en el mismo tono: por la Pasiónla Cruz y la Muerte, hacia la Resurrección.

Mateo narra lo sucedido. Sorprende la extensión del relato de un solo día de la vida del Señor.

Acompañemos a Cristo en esta máxima prueba. “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.” (Jn. 15:13)

Mientras escuchamos, vayamos captando las actitudes de Cristo y las de los personajes que intervienen. ¿Con quiénes nos identificamos?

En un momento de silencio permitamos que se asienten en nuestro interior las vivencias que el Espíritu haya suscitado.

Escuchamos la Pasión, en la liturgia dominical, para que nuestros corazones vivan en la semana lo que Cristo hizo por nosotros y para que comprendamos cómo inicia la ascensión la Pascua.

El próximo domingo reviviremos el culmen de esta entrega: “Por eso Dios le dio un nombre sobre todo nombre” (Filip. 2: 9)

Solamente asemejándonos a Cristo en la entrega lo seguiremos en la resurrección.

Pidamos esta actitud para recibir el don nuevo de Cristo y de su Espíritu.

viernes, 24 de marzo de 2023

5° cuare4sma, 26 marzo 2023.-


Primera Lectura:
del libro del profeta Ezequiel 37: 12-14
Salmo Responsorial, salmo 129:
Perdónanos, Señor, y viviremos.

Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los romanos 8: 8-11

Evangelio: Juan 11: 1-45
 

¡Defiéndeme, Señor, de mí mismo; de mi superficialidad, de mi apatía, de mi alejamiento de Ti y de los demás! 

¡Soy, tantas veces, mi peor enemigo y por eso pongo toda mi confianza en Ti, mi Dios y mi defensa! 

La auténtica liberación, la salvación, la resurrección: conocer, aprender y continuar el camino de entrega que nos dejó Jesús, Hijo de Dios y hermano nuestro. 

Pidamos que nuestros interiores reaccionen, que nuestros corazones latan con más fuerza, sabiendo que “Dios siempre cumple sus promesas”. ¿Qué escuchamos por medio del profeta Ezequiel?: “Yo mismo abriré sus sepulcros, los conduciré a la tierra prometida” – la que ellos esperaban -, a la Patria eterna, la que nosotros esperamos. 

Palabra y promesa llegan desde Dios mismo: “Sabrán que Yo, el Señor, lo dije y lo cumplo.” 

Revivimos al Pueblo de Israel, “Pueblo de cabeza dura”; reconocemos en el Salmo y confesamos al Señor nuestra impotencia, junto a nuestro arrepentimiento “desde el abismo de nuestros pecados”; nos sentimos fuertes porque nos apoyamos en lo que permanece: “su amor, su misericordia, su consciente olvido de nuestras faltas, para alcanzar su perdón.” 

Tenemos un ancla segura en lo que nos comunica San Pablo, si de verdad nos esforzamos por vivirlo: “Ustedes llevan una vida conforme al Espíritu que ya está en ustedes. Ese Espíritu, que es Dios mismo, que resucitó a Jesucristo, los resucitará a ustedes y les dará, aun a sus cuerpos mortales, una nueva vida.”   Esta visión tiene que iluminarnos ante la certeza de que un día nos encontraremos con Él y que queremos, esperando, contra toda esperanza meramente humana: mirarnos en Aquel que “es la Resurrección y la Vida” y que nos hará partícipes de la felicidad que no termina. 

El Evangelio nos anima, abre el horizonte, rompe las cadenas del espacio y el tiempo, confirma la victoria que Jesús ya logró frente a la muerte. Nos enseña a superar los “peros”, las lágrimas, (verdaderas, porque el cariño sufre), las lamentaciones inútiles, lo incomprensible: “ya hace cuatro días…, huele mal…, si hubieras estado aquí…, las críticas: “¿no podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que Lázaro no muriera…?” 

Jesús ora, implora al Padre y con voz segura, manda: “¡Lázaro, sal de ahí!”  El milagro está patente, la Palabra de Jesús, él mismo, es Vida y la comparte: “Desátenlo para que pueda andar.”  El asombro sacude a todos; Martha y María llevarán grabado para siempre: “¿No les he dicho que si creen, verán la Gloria de Dios’?” 

Probablemente habremos dicho: “todo tiene remedio menos la muerte”, ¡qué equivocados estábamos!, la resurrección nos aguarda, vivamos de tal manera el presente que preparemos el futuro para ser envueltos en la Gloria de Dios.

sábado, 18 de marzo de 2023

4° Cuaresma, 19 marzo 2023.-


Primera Lectura:
del primer libro de Samuel 16: 1, 6-7, 10-13
Salmo Responsorial, del salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los efesios 5: 8-14
Evangelio: Juan 9: 1-41.

A medio camino hacia la Pascua, la Iglesia nos invita a alegrarnos porque se acerca la abundancia del consuelo; porque hemos crecido en el acercamiento a Dios y a nuestros corazones, y la alegría que irradia desde dentro, nos anima a continuar el peregrinaje.

Jesús ya  ha reconciliado a la humanidad entera; de nosotros espera que continuemos preparándonos con fe y entrega a la culminación de esta salvación.

La primera lectura nos remarca que la mirada de Dios penetra los corazones, no se queda en las apariencias. Samuel se deja impresionar por el aspecto y la estatura, pero escucha al Señor y aguarda a que llegue “el más pequeño” para ungirlo. Lo hace “como en secreto”, todavía tendrá que pasar muchas peripecias para guiar a su pueblo; lo que debemos percibir claramente e intentar proyectarlo, pues ya fuimos ungidos, es que a partir de aquel día, el Espíritu del Señor estuvo con David.”  Cómo se afianza la realidad de que “la fuerza de Dios reluce en la debilidad”, y “cuando soy débil, soy fuerte, porque vive en mí la fuerza de Dios”. “No yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

David de pastor de ovejas, será el Pastor que guíe a Israel; Cristo el Buen Pastor nos conduce a verdes praderas, a aguas cristalinas, ilumina nuestro camino por cañadas obscuras, es fiel a sus promesas, llena nuestra copa hasta los bordes, su bondad y su misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida. ¿A quién temeremos si de verdad lo seguimos?

Ya somos “hijos de la luz, no de las tinieblas, aunque una vez lo fuimos, ya no lo somos, levantémonos, pues el mismo Cristo es nuestra Luz”.  Mostrémonos como tales con frutos “de bondad, santidad y verdad”,  “cuanto es iluminado por la Luz, se convierte en luz.”. Los cristianos no podemos vivir apagados.

San Juan, en el Evangelio, largo pero ilustrador, nos muestra paso a paso las oposiciones a Cristo siempre cercano a los más necesitados. El milagro provoca tensiones y reacciones diferentes: miedo en los padres del ciego, rabia e incredulidad en los fariseos, audacia y valentía en el ciego que ahora no solamente ve las maravillas de la creación, sino que va mucho más allá: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?”, Jesús se le revela con toda claridad: “Ya lo has visto, el que está hablando contigo, ese Es”.  La inmediata respuesta del ciego curado por fuera y por dentro, tiene que ser la nuestra: “Creo, Señor”. “Y postrándose lo adoró”. 

Reescuchemos con gran atención el final: “Yo he venido para que se definan los campos, para que los ciegos vean y los que ven queden ciegos”. ¿A qué campo pertenecemos?

Pidámosle confiadamente: ¡Señor cura nuestra ceguera, esa, la interior, la de la soberbia, la que no nos deja verte porque nos miramos demasiado a nosotros mismos, la que se fija más en las creaturas que en Ti, Creador y Señor, Amigo y Compañero de nuestro peregrinar hacia Ti! Ya nos has revelado tu amor, que todo nuestro ser te responda como el ciego: “Creo, Señor”  y con reverencia agradecida Te adoremos.

sábado, 11 de marzo de 2023

3°.cuaresma, 12 marzo 2023.-


Primera Lectura:
del libro del Éxodo 17: 3-7
Salmo Responsorial, del salmo 94: Señor, que no seamos sordos a tu voz.
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los romanos 5: 1-2, 5-8
Evangelio: Juan 4: 5-42 

Una compañía que cura y fortalece”, ¿de dónde viene esa maravilla que anima, que reúne, que otorga y posibilita lo que juzgábamos imposible  Él mismo nos ofrece. Parecemos israelitas, olvidamos rápidamente las maravillas que el Señor ha hecho y sigue haciendo por nosotros, nos preguntamos: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?” Queremos constatarlo, entablamos discusión, como ellos en Masá y Meribá, y ponemos a prueba a Dios. 

El Señor, paciente y amoroso, hace brotar agua de la roca y al mismo tiempo, que el pueblo pase, de la murmuración a la confianza: de verdad el Señor está con nosotros. ¡Cómo necesitamos abrir los ojos y mantenerlos fijos en el Señor! ¡Abrir los oídos para “no ser sordos a su voz”! Ojalá resonara fuerte la indicación del Padre, que escuchábamos el domingo pasado: “Éste es mi Hijo en quien tengo todas mis complacencias, escúchenlo”. Está y sigue estando como Palabra viva, como Guía seguro, como Camino y Verdad. La Alianza ha sido sellada, inquebrantable porque Cristo es el Mediador, renovemos nuestra adhesión por medio de la fe. 

La justificación, la liberación, la filiación, como nos dice San Pablo, ha sido ofrecida y realizada por Jesús; Él nos abre la puerta de la gracia, y al venir de Dios “no defrauda”, porque la esperanza nos llega por “el amor que ha infundido en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo”; nueva oportunidad para preguntarnos si creemos y gustamos este don. Cada uno de los hombres, todos nosotros, éramos incapaces de salir del pecado, pero el Dios de perdón y misericordia nos da la prueba más clara: “Cristo murió por nosotros cuando aún éramos pecadores”; ¡cómo no va a resonar en nuestro interior la palabra misma de Jesús: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”! ¡Firme columna para robustecer nuestra Opción Fundamental!, a nosotros nos ha llamado “amigos, ¿deseamos serlo? 

Como la samaritana, estamos sedientos; hemos buscado la felicidad, la realización, la vida por senderos equivocados, ¡no hemos encontrado!, perdura la sed. La samaritana no lo sabe, nosotros lo sabemos, se ha encontrado con la Fuente de agua viva; su actitud inicial es de extrañeza, luego de cierta agresión, pasa a la curiosidad ante la respuesta de Jesús: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”; no comprende, hay en su pregunta un dejo de mofa, se ha quedado en lo inmediato y reacciona en ese mismo nivel: “Dame de esa agua para que no tenga que venir hasta acá a buscarla”. Siente escozor ante la propuesta de Jesús, la confrontación la hace trastabillar y cambia el giro: “Veo que eres profeta…”, y prosigue: “¿Dónde hay que dar culto a Dios?”. Jesús, fiel a su misión, abre su corazón: “He venido a salvar lo que estaba perdido”, (Lc. 19: 10) y le revela su identidad: ¿el Mesías?, “Soy Yo, el que habla contigo”. Corrobora Jesús lo que había dicho antes: “Los que quieran dar culto verdadero, adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. 

¿Está o no está el Señor con nosotros? La samaritana corrió a participar su maravilloso encuentro personal con Dios, su proceder incita a todos a buscar ese mismo fruto y a constatar que hay “un manantial de agua que salta hasta la vida eterna”. 

En la Eucaristía, en la meditación de la Palabra, encontraremos la fuerza para participar a todos que verdaderamente Dios está con nosotros.

viernes, 3 de marzo de 2023

2°. Cuaresma 5 marzo, 2023.-


Primera Lectura:
del libro del Génesis 12: 1-4

Salmo Responsorial, del salmo 32:
Señor, ten misericordia de nosotros.

Segunda Lectura: de la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo
1: 8-10
Evangelio: Mateo: 17: 1-9.
 

La liturgia de hoy gira, toda ella, en torno a la respuesta de Fe. De Fe, así con mayúsculas, la que implica un salto, un desasimiento al que muchas veces no estamos dispuestos, implica la aventura de salir de nuestros propios criterios, para que, desde el conocimiento, un conocimiento que no es inmediatamente perceptible en la integridad de su contenido, porque se trata del “totalmente Otro”, surja la confianza y podamos actuar con la determinación que impulsó a Abraham;  Fe que ha impulsado a hombres y mujeres, a través de la historia, a dejar las seguridades inmediatas, que pensamos que son auténticas porque podemos palparlas y a lanzarnos, como invita el Señor, “a la tierra que Yo te mostraré”. Abraham vive colgado de la esperanza, de la promesa porque ha comprendido Quién es el que lo llama; todo es futuro, nada es inmediatismo, ni la tierra ni la descendencia, esto se cumplirán en Jesucristo, plenitud de la revelación, más allá de limitaciones geográficas, no es “una tierra”, es el Reino, es la Patria definitiva. 

“Abraham partió, como se lo había ordenado el Señor”, llamamiento que no proviene de sus méritos, exactamente igual nos llama a nosotros, no por nuestros méritos, sino, como escuchamos en la Carta a Timoteo, “porque Él lo dispuso gratuitamente”; ¿ya iniciamos el peregrinaje o preferimos quedarnos en un inmovilismo estéril, aferrados a lo que pensamos que tenemos ya como posesión? Aquí la causa del retrasar el Encuentro. 

El don ha sido por medio de Cristo Jesús, en su manifestación, en su fidelidad, conseguido por la totalidad de su vida y específicamente porque “con su muerte destruyó nuestra muerte” e hizo brillar la luz de la vida y de la inmortalidad por medio del Evangelio, que tememos escuchar y hacer vida, porque no acabamos de percibir lo que oiremos en el Prefacio: “que la pasión es el camino de la resurrección”; preferimos una contemplación agradable, lejana del compromiso que “exprime nuestro egoísmo”; oír la invitación que viene del Padre: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”; aunque de momento nos haga caer en tierra “llenos de un gran temor”, al abrir los ojos, los oídos y el corazón, nos encontraremos con la voz cálida, con la palmada cariñosa de Jesús que nos anima:  “Levántense y no teman”, crean en lo que han visto: la seguridad del resplandor de la vida que espera a toda la humanidad: “el Hijo del hombre y todos, resucitaremos de entre los muertos”. 

No tenemos la limitación que Jesús impuso a los tres discípulos, ahora nuestra misión, fruto de la Fe, es dar testimonio del Resucitado, con palabras y obras, en un seguimiento decidido, que supere cualquier dificultad y con la fuerza del Espíritu demostrar que hemos escuchado al Padre y su Palabra.

 

viernes, 24 de febrero de 2023

1° Cuaresma, 26 Febrero. 2023.-


Primera Lectura:
del libro del Génesis 2: 7-9, 3: 1-7
Salmo Responsorial, del salmo 50:
Misericordia, Señor, hemos pecado.
Segunda Lectura:
de la carta del apóstol Pablo a los romanos 5: 12-19
Evangelio: Mateo 4: 1-11 

En la Antífona de Entrada volvemos a encontrarnos con la invitación a orar, a invocar, a confiar en el Señor; estoy seguro que lo hacemos cuando “nos llega el agua al cuello”, y eso suena a convencionalismo no es la convicción ardiente de que en verdad necesitamos a Dios, su Palabra, su perdón, su cercanía, la fuerza del Espíritu para realizar lo que pedimos en la oración: “por las prácticas cuaresmales, - oración, obras de misericordia, penitencia, arrepentimiento, ayuno de todo aquello que nos aleje de Él, crezcamos en el conocimiento de Jesucristo y llevemos una vida más cristiana.” 

El miércoles pasado recordamos nuestro origen: “polvo”, pero, hoy nos muestra el Génesis que es polvo con el Aliento de Dios, con la vida de Dios, con la libertad que nos “asemeja a Él”  para poder elegir con toda conciencia el ¡Sí! a su voluntad; ¡Sí! que es camino de felicidad y eternidad. 

El salto al capítulo 3°: Tentación y caída, es la historia de la humanidad, es nuestra propia historia; “por el pecado entró la muerte en el mundo”.  ¿Por qué cayeron los primeros hombres, por qué caemos nosotros?, por seguir el camino de Eva, por entrar en diálogo con la tentación, por dejarnos deslumbrar “vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable para alcanzar sabiduría”; pero al margen de Dios, de sus preceptos, de la obediencia que le debemos como creaturas e hijos. ¿Qué sabiduría alcanzó? Mirarse, junto con Adán, “desnudos, enredados en la mentira que los empujará a esconderse de Dios”.  Eso es el pecado: querer ser como Dios, pero sin Dios. ¿A dónde los llevó y a dónde nos lleva? “Ahora es el tiempo oportuno, el tiempo de la conversión”.  Ellos no tuvieron otra oportunidad, ¡nosotros la tenemos! 

¿Qué elegimos, ser como el primer Adán, o asemejarnos a Cristo, el nuevo Adán? Por su “obediencia”, ¡a qué precio!, “recibimos el don de la Gracia y la Justificación.”  Pienso que poner en la balanza la elección, ya sería una injuria al Señor y a la ejemplar entrega de Jesús. El solo considerarlo nos decidirá a confiar en el Amor y la Misericordia y al seguimiento de Jesús.  Él quiso experimentar en la realidad humana que había asumida, la tentación: “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado”, y enseñarnos el modo de proceder ante el tentador: ¡nada de diálogo!, sino tajante y fiel a su Misión, fiel a la voluntad del Padre, lejos de servirse de su filiación divina para provecho propio: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de la boca de Dios.”  Sin espectacularidades, imaginemos el “impacto” que habría causado al bajar volando desde la cornisa del Templo, “no tentarás al Señor tu Dios”.  Acepta la sencillez del camino de todo hombre sin “querer manejar a Dios”. El reconocimiento de que solamente hay un Absoluto, el Padre y “que toda creatura es como flor de heno que florece en la mañana y por la tarde no parece”,  el poder, la riqueza, son realidades efímeras, el Único que permanece es Dios: “¡Retírate, Satanás!”, porque también está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás.”  ¡Cuán diversa la interpretación y la vivencia de la Palabra de Dios! 

Pido al Señor que aprendamos esta lección porque las tentaciones seguirán acechándonos; Jesús ya nos trazó el camino: ayuno, oración, cercanía a Dios, confianza, fortaleza y convicción. 

Tengamos muy presente la advertencia de San Pedro: “Miren que el demonio, anda como león rugiente, buscando a quién devorar; resístanle firmes en la fe.”  (1ª. 5: 8-9) Y San Pablo: “Fiel es Dios que no permitirá que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. Más aún, nos dará modo para resistir con éxito.”  (1ª. Cor. 10: 13) ¡Ánimo! “que las tribulaciones de este mundo, producirán un imponderable peso de gloria.”  (2ª. Cor. 4: 17-18)  Dios es quien nos espera, Él es nuestro premio, ¿qué creatura podría suplantarlo? 

 

 

viernes, 17 de febrero de 2023

7º Ordinario, 19 febrero 2023.-


Primera Lectura:
del libro del Levítico 19: 1-2, o7-18
Salmo Responsorial, del salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso.
Segunda Lectura: de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios 3: 16-23
Evangelio: Mateo 5: 38-48

“Cantar al señor por el bien que nos hace, porque alegra nuestro corazón, porque nos muestra su misericordia”; porque nos revela el último sentido de nuestras vidas: “sean santos porque Yo soy Santo”

¿Ser santo?, y la pregunta se queda sin respuesta; consideramos la proposición como algo demasiado lejano, ajeno a nuestra cotidianidad, quizá nos dé miedo tomarla en serio por cuanto encierra de compromiso, de dominio del egoísmo, de total apertura al servicio desinteresado, en pocas palabras, por lo que significa amar de verdad. Nos vamos acostumbrando a ese círculo, que consideramos irrompible porque nosotros mismos lo hemos cerrado y hemos impedido que brote, florezca y dé fruto la palabra de dios; perdemos el punto de referencia que con toda claridad nos ha expresado la lectura del levítico, referencia que ilumina el horizonte, que puntualiza el contenido de la santidad: “habla a la asamblea y diles: sean santos, porque Yo, el Señor, soy Santo”. Ahí está la respuesta, la posibilidad, el camino: en él, no en nosotros. El es el único santo, el único bueno, el “totalmente otro”, pero desea que el hombre se acerque, que participe de su santidad, que realice lo que fue desde el principio: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, que vayamos pareciéndonos más y más a Él, superando, con la presencia y la acción del Espíritu,  la realidad de nuestra pequeñez, de nuestras tontas envidias, de nuestras perezas, de nuestros miedos, de nuestra visión meramente terrena, y aceptemos el reto de “amar a los prójimos como a nosotros mismos”. ¡de lograrlo, con su ayuda, otro será el mundo que construyamos! 

Una vez más, al quedarnos contemplándonos a nosotros mismos, al sentir la impotencia que nos ata, el salmo nos indica el sendero ascensional: “el Señor es compasivo y misericordioso…, perdona, cura, colma de amor; nos trata según su santidad”. Desde él aprendemos a desterrar la venganza, “el desquite”, “el que me la hace la paga”… el gozo que hemos experimentado al ser absueltos de una culpa, ¿no podemos propiciar que los demás lo sientan en nuestras relaciones? Esto es actuar según cristo: mucho más allá del sentimiento inmediato, de la respuesta nacida de la ira o de la rabia ante una ofensa. Sabemos,  que la violencia engendra violencia; mejor vivamos la seguridad de Jesús: “dichosos los obradores de paz, porque de ellos es el reino de los cielos”. 

Jesús nos propone algo muy superior, que supera la lógica que esgrimimos: el que me la hace, la paga. “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que les hacen mal, rueguen por los que los persiguen y maltratan…” sin duda es algo que rechaza la mente, pero que ensancha al corazón; será realizable porque el espíritu habita en nosotros”, y “viene en ayuda de nuestra debilidad” para “actuar como hijos del padre celestial que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda su lluvia sobre justos e injustos”; ser del todo universales como el padre es universal y abraza a todo ser humano, sin excepción el camino hacia nuestro padre, roto por el pecado, Pablo nos lo recuerda: “todo es de ustedes, ustedes de cristo y cristo es de Dios”. 

Jesús, que al venir a nosotros en la eucaristía, encuentres un templo digno de Dios.

 

viernes, 10 de febrero de 2023

6º Ordinario, 12 febrero 2023.-


Primera Lectura:
del libro del Eclesiástico 15: 16-21
Salmo Responsorial, del salmo 118:
Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.

Segunda Lectura: de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios 2: 6-10

Evangelio: Mateo 5: 17-37.
 

¿De verdad reflexionamos en lo escuchado el domingo pasado: “sal de la tierra”, faros encendidos que alumbren nuestra vida y la de los demás para que juntos “glorifiquemos al Padre que está en los cielos”? Para ser fieles, constantes, perseverantes, al irnos conociendo, al ir experimentando nuestra flaqueza, aprendemos a afirmar que “Dios es nuestra defensa, roca, fortaleza, baluarte y escudo, guía y compañía”. En Él y sólo en Él encontraremos la rectitud y sinceridad de corazón “que nos haga dignos de esa presencia suya” que nos mantenga como la sal de la tierra y luz encendida. 

¡Libertad, cuánto te ansiamos y qué poco te utilizamos rectamente! ¡Qué fácil nos dejamos envolver por el “sensamiento” para encubrir nuestros caprichos y actuar sin detenernos a reflexionar que nuestras decisiones tienen consecuencias que repercuten en la consecución o en la pérdida de la Vida Verdadera! 

“El Señor conoce todas las obras del hombre”, aun aquellas que ignoramos o pretendemos ignorar, por eso recordando el Salmo 19: “De mis pecados ocultos, líbrame, Señor”, y que desde lo profundo de nuestro ser, hagamos viva la experiencia del salmo que recitamos en la liturgia: “Dichoso el que cumple la voluntad del Señor”, en ella está la sabiduría auténtica, la que repele las engañifas de este mundo, la que el Señor Jesús ha traído desde el Padre, la del Espíritu que nos sigue enseñando a buscar y a aquilatar la profundidad de Dios. 

Busquemos la voluntad del Padre con la pasión con que lo hizo Jesús, Él va siempre más allá de lo que dicen las leyes. Para encaminarnos hacia ese mundo más humano que Dios quiere para todos, lo importante no es observar simplemente la letra de la ley, sino tratar de ser hombres y mujeres que se parezcan a él. 

Quien no mata, cumple la Ley, pero si no arranca de su corazón la agresividad hacia su hermano, no se parece a Dios. Aquel que no comete adulterio, cumple la Ley, pero si desea egoístamente la esposa de su hermano, no se asemeja a Dios. En estas personas reina la Ley, pero no Dios; son observantes, pero no saben amar; viven correctamente, pero no construyen un mundo más humano. 

Entendamos las palabras de Jesús: «No he venido a abolir la Ley y los profetas, sino a dar plenitud». No ha venido a echar por tierra el patrimonio legal y religioso del antiguo testamento. Ha venido a «dar plenitud», a ensanchar el horizonte del comportamiento humano, a 2liberar la vida de los peligros del legalismo. 

Nuestro cristianismo será más humano y evangélico cuando vivamos las leyes, normas, preceptos y tradiciones como los vivía Jesús: buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre. 

¡Jesús, que al recibirte en la Eucaristía, nos concedas estar abiertos a la acción de ese Espíritu de amor y de servicio, de sinceridad y transparencia que nos enseñaste a través de tu vida!

viernes, 3 de febrero de 2023

5° Ordinario, 5 Febrero 2023.-


Primera Lectura:
del libro del profeta Isaías 58: 7-10
Salmo Responsorial, del salmo 111: El justo brillará como una luz en las tinieblas.
Segunda Lectura: de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios 2: 1-5
Evangelio: Mateo 5: 13-16

Dice Paul Claudel: “Nunca el hombre es más grande que cuando está de rodillas ante su Creador”. Actitud de reconocimiento agradecido por la vida, por los dones recibidos y al mismo tiempo, afirmación de que Absoluto solamente existe Uno: el Señor, nuestro Dios. En Él ponemos totalmente nuestra esperanza; ¿cuántas veces habremos repetido: “Sagrado Corazón de Jesús en Ti confío”? Pues que a la confesión que hacemos, sigan las obras. Esas, las que conocemos de memoria, pero que a veces están ausentes de nuestra vida diaria. 

¿Qué significado puede tener un “culto meramente externo”? Ya escuchamos la respuesta de labios de Isaías, - de parte de Dios mismo -: ¿Quieres ser luz y que esa Luz presida y cierre tus pasos?, actúa, “abre tu corazón a los demás, comparte tu pan, cobija al que no tiene techo, no des la espalda a tu hermano, viste al desnudo…, entonces clamarás y Yo te escucharé, brillará tu luz en las tinieblas…, entonces Yo te diré ¡Aquí estoy!”.  Parecería que escuchamos “El juicio de las naciones”: “Vengan benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber…”, y lo que sigue y tenemos en la memoria. No en balde llaman a Isaías el Protoevangelista, el clarividente con la Luz de Dios. ¿No es la predicción de lo que escuchábamos el domingo pasado en “Las Bienaventuranzas”? ¿Cómo llegará a Dios nuestro clamor si desdecimos con las obras lo que afirmamos con los labios? ¡Te amo, Señor, cumplo con el precepto dominical, comulgo, oro, pero eso de ocuparme de mis hermanos en serio, está más allá de mis posibilidades!  ¿Dónde queda la integración de mi vida en la de Cristo que “pasó haciendo el bien”.

Sin tu Luz, ¿cómo podré brillar en las tinieblas?, ¿cómo caminar en la justicia, en la clemencia y en la compasión?  

Sin tu decisiva presencia en mí, no alcanzo a saborearme como esa sal que da tu auténtica sazón a la vida; soy ciudad en lo alto de un monte, pero cubierta de nubes; soy, inconsecuentemente, “luz apagada.” Siento surgir en mí la desilusión, porque no realizo lo que esperas de mí; por eso vuelvo a la oración: “Que tu amor incansable me proteja porque quiero poner en Ti toda mi esperanza.”  El pecado, el egoísmo, la comodidad que me envuelven, me impiden dar el paso hacia el encuentro del otro, de Ti en cada ser humano y la brújula de mis decisiones se enloquece, da vueltas sin parar, sin apuntar hacia el único norte. ¿Me he quedado en una fe conceptual, teórica, que rehúye el compromiso, que busca “razones” para escudarse y no acepta tu realidad, que vendría a ser la mía, la de la Buena Nueva “fincada en Cristo Crucificado”? 

¡Me doy miedo de mí mismo! Sé que puedo sacudírmelo y “caminar no en tinieblas sino a la luz de tu gloria”, si desde mi debilidad capto, percibo y procedo desde “la fuerza de tu poder por medio del Espíritu”, entonces mis obras serán realizadas según tu voluntad e invitarán a cuantos trato “a dar gloria al Padre que está en los cielos.” 

¡Convéncenos, Señor, que formamos parte de “ese pequeño resto ” destinado a colaborar en la salvación de todos!