jueves, 24 de diciembre de 2015

Natividad del Señor, Misa de media noche, 25 diciembre 2015.-



Primera Lectura: del libro del profeta Isaías 9: 1-3
Salmo Responsorial, del salmo 95: Hoy nos ha nacido el Salvador.
Segunda Lectura: de la primera carta del apóstol Pablo a Tito 2: 11-14
Aclamación: Les anuncio una gran alegría: Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor.
Evangelio: Lucas 2: 1-14.

¡El tiempo se ha cumplido! “Tú eres mi Hijo, hoy te engendré Yo”. Luz, Vida, Esperanza, Camino, Verdad, Paz, Guía y podríamos continuar sin parar, enumerando los atributos-realidades que no son de Cristo, son Cristo mismo.

La humanidad entera está hambrienta de luz y de verdad, de fraternidad, de gozo, paz y serenidad; ¿dónde encontrarla en medio de las tinieblas?

El misterio del hombre empezará a esclarecerse cuando aceptemos el misterio de Dios hecho Hombre que esta noche se nos hace patente y nos invita a recorrer el camino de regreso a la gloria del Padre; entonces dejaremos de ser misterio para nosotros al dejarnos inundar de la luz  del misterio de Dios.

“El que poco siembra, poco cosecha, el que mucho siembra, cosecha mucho” (2ª. Cor. 9: 6), y para repartir el botín, debemos luchar y vencer. El Señor nos da semilla abundante, nos provee de armas para la lucha “que no es contra hombres de carne y hueso, sino contra las estratagemas del diablo, contra los jefes que dominan las tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal”. Revistámonos con ellas: “el cinturón de la verdad, la coraza de la honradez, bien calzados y dispuestos a dar la noticia de la paz, embrazado el escudo de la fe que nos permitirá apagar las flechas incendiarias del enemigo; el casco de salvación y la espada del Espíritu, es decir la Palabra de Dios” (Ef. 6: 12-17), solamente así conseguiremos que su Humanidad engrandezca la nuestra.

¡La realidad supera nuestra imaginación: un Niño “ha quebrantado el yugo que nos esclavizaba”! Una vez libres, es absurdo regresar a las ataduras. Pidamos tener oídos abiertos para escuchar al “Consejero admirable, a Dios poderoso, al Padre amoroso, al Príncipe” que viene a reinar “en la justicia y el derecho para siempre”; ofrezcámosle  la interioridad de nuestro ser, que ahí comience a reinar.

Hoy todo es canto, proclamación, alegría y regocijo porque “nos ha nacido el Salvador”. Viene el que ES la Gracia, con Él aprenderemos a vivir religados a Dios, renunciando a los deseos mundanos; aceptaremos ser sobrios, justos y fieles, y a practicar el bien. No hay excusa para actuar de otra forma.

Intentemos, como invita  San Ignacio en la contemplación del Nacimiento, volvernos “esclavitos indignos” y extáticos miremos a las personas, escuchemos sus palabras, rumiemos en nuestros corazones la grandiosidad en la pequeñez, el incomprensible silencio de “Aquel por quien fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada existiría de cuanto existe”. (Jn.1: 3). Que llegue, con toda su fuerza, y rompa las ansias locas de tenernos sin tenerlo a Él. ¿Comprendemos, en verdad, que” siendo  rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza? (2ª. Cor. 8: 9-10).

No podemos menos de unirnos al coro de todo el universo para entonar el Himno de la Gloria, de la Alegría, de la Paz porque Dios en su Hijo Jesucristo, hermano nuestro, ha rehecho nuestros corazones, nuestros ideales y orientado hacia Él nuestras vidas.

viernes, 18 de diciembre de 2015

4º Adviento, 20 Diciembre 2015

Primera Lectura: del libro del profeta Miqueas 5: 1-4
Salmo Responsorial, del salmo 79: Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Segunda Lectura: de la carta a los Hebreos 10: 5-10
Aclamación: Yo soy la esclava del Señor; que se cumpla en mí lo que me has dicho.
Evangelio: Lucas 1: 39-45

María es el mejor ejemplo para prepararnos a la venida del Señor; Ella resume lo que tanto hace falta en el mundo de hoy: el sentido, el proceso y la realización de las relaciones interpersonales, principalmente con el Padre, con Jesús, con el Espíritu Santo y entre nosotros.

María enseñó a Jesús a orar, a buscar y aceptar, como Ella, la voluntad del Padre, a abrirse al misterio de la acción del Espíritu, a descubrir a Dios en el servicio a los demás, a ser puente que expandiera la presencia vivificadora del Espíritu.

Con precisión le aplicamos las palabras de Isaías que hemos escuchado en la antífona de entrada: “Destilen, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo, que se abra la tierra y haga  germinar al Salvador”. ¡María, desde tu perturbado silencio ante el anuncio del ángel, desde lo incomprensible para la razón humana, desde la conciencia de tu pequeñez engrandecida, enséñanos a dar el paso que tanto trabajo nos cuesta: “¡Hágase en mí según tu palabra!” ¿De quién sino de ti, pudo aprender Jesús lo que transformó en Vida durante su vida?: “Aquí estoy, Dios mío, vengo para hacer tu voluntad”. Relación filial con el Padre, como lo fue la tuya, desde el principio hasta el fin; en medio de obscuridades, incomprensiones, enjuiciamientos y sinsabores; desde el gozo de dar a luz al que es la Luz y no quedar enceguecida, de sostenerlo, apagado, en tu regazo, hasta volverlo a ver, sin duda, la primera, como una nueva luz, Resucitado, y verte, poco tiempo después, glorificada.   En Jesús, en unidad perfecta con el Padre, -misterio que nos rompe-, la decisión de venir y ser como nosotros, de seguir nuestros pasos, paso a paso, y, sin detenerse ante la muerte, revelarnos con su muerte la Vida verdadera: ¡Esto es cumplir, sin desviaciones, la Voluntad del Padre!

En Él y en ti, María, descubrimos que el Espíritu actúa de manera incansable, que está presente y que se irradia y contagia, porque así es su manera, desde los corazones que se abrieron una vez a su impulso y jamás se cerraron.

¡Cómo aprendió Jesús, aun antes de nacer, que el amor es servicio y encuentro consumado! Te acompañó en el viaje y engrandeció a Juan, desde tu seno; revistió a Isabel con el Espíritu y a través de esos labios, te proclamó dichosa. ¡Adviento venturoso que adelanta los frutos!

Te pedimos, María, sin ser irreverentes, que aprendamos de ti, que lo viviste intensamente, aquello que el zorro enseñaba al Principito: “Tú eres por los lazos que has creado”. ¡Que hondos lazos irrompibles ante el deseo del Padre; profunda convivencia con el Verbo Encarnado, que naciendo de ti, te hace Madre de todos; contemplación que por nada se interrumpe con el Dador de Vida. Lazos peregrinos que se van alargando con la historia, desde aquella, tu primera visita a Isabel, en busca de los otros; lazos que se prodigan, incesantes, en tus apariciones, en tus voces que insisten en el amor que abraza, en la oración confiada, en el gozo de sabernos, de verdad, hijos tuyos. ¡Enlázanos, Señora, de tal forma que no queramos seguir otros caminos, y como tú, nos aprestemos a recibir a Cristo y a compartir, como Él, con los hermanos, todo lo recibido!

viernes, 11 de diciembre de 2015

3º Adviento, 13 Diciembre 2015.-.



Primera Lectura: del libro del profeta Sofonías 3: 14-18
Salmo Responsorial, de Isaías 12: El Señor es mi Dios y salvador.
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los filipenses 4: 4-7
Aclamación: El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
Evangelio: Lucas 3: 10-18.

“¡Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres. El Señor está cerca!”  Alegría plena, espera esperanzada que superó lo esperado, porque, “El Señor está no solamente cerca”, sino ya en medio de la humanidad, dentro de nosotros, hecho nuestra carne.

Alegría, que cambia el morado y se viste de rosa. No cesan la reflexión ni el recorrer los caminos del arrepentimiento; es fiesta adelantada porque el corazón y el ánimo proclaman el reencuentro, la confianza y el sentido del gozo que se prolonga más allá de una fecha, que supera nuestros estrechos límites espaciotemporales, lanza fuera el temor y el desfallecimiento, reconoce mucho más que el perdón y mira la realidad iluminada por una luz que no podríamos imaginar desde nuestro ser pequeño: ¡soy, somos cada uno, para Dios: “gozo y complacencia”! ¿Aceptamos, aun rodeados de imperfecciones y de olvido, “ser causa de la alegría de Dios”? ¡El asombro de tal Luz nos deslumbra y enaltece! Amados desde siempre, elegidos, creados, redimidos y adoptados, ¿ensombreceremos esa alegría divina?

En el fragmento que escuchamos de la Carta a los Filipenses, encontramos el eco de la antífona de entrada y vuelve a insistir en que estemos alegres porque el Señor todo lo llena. Es una alegría que llega como flor mañanera y con sólo mirarla, se iluminan los ojos, el corazón y el deseo de ser benevolentes, de reflejar el Amor recibido y ser agradecidos por la Paz que viene a nuestro encuentro de manera gratuita y “sobrepasa toda inteligencia”.

Con esta actitud consciente, a ejemplo de María, aceptamos el don con decisión irrevocable de no perderlo nunca y de esmerarnos en darlo a conocer por nuestras obras.

Participemos de la “expectación” del pueblo hebreo y presentemos “en toda ocasión nuestras peticiones a Dios, en la oración y la súplica”, para que en todos los hombres renazca la esperanza de un mundo más humano, más hermano “que ponga su corazón y pensamientos en Cristo Jesús”. Empresa nada fácil, pero recordemos que “para Dios nada es imposible”.

Si entusiasma la voz de Juan Bautista, ¿qué no hará la Palabra? La voz responde con claridad a la pregunta “¿qué debemos hacer?”: exhorta a compartir lo que se tiene, a vivir en justicia, a no abusar de nadie. La Palabra lo resumirá todo en la Ley Evangélica: “Ámense los unos a los otros como Yo los he amado”. (Jn. 13: 34)  No basta el agua, precisamos del fuego del Espíritu para cumplir su mandato, y el mismo Jesús nos lo ha traído y junto con el Padre, nos lo ha enviado, ¡ésta es la Buena Nueva!

Cuando llegue el momento de la siega, si hemos permanecido fieles al Espíritu, nos encontraremos con Cristo en el Granero, alejados de la paja que consume el fuego.

viernes, 4 de diciembre de 2015

2º Adviento. 6 Dic. 2015


Primera Lectura: del libro del profeta Baruc 5: 1-9
Salmo Responsorial, del salmo 125: Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.
Segunda Lectura: de la carta del apóstol Pablo a los filipenses 1: 4-6, 8-11
Aclamación: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y todos los hombres verán al Salvador.
Evangelio: Lucas 3: 1-6.

Cuando el corazón oye la Voz de Dios no puede menos de alegrarse; ¡cómo necesitamos del silencio para poder escuchar esa Palabra, en medio del aturdimiento de las cosas temporales que nos rodean! Danos Sabiduría, Señor, para saber distinguir, para saber elegir, para llenarnos de tu propia vida.

Nuestra realidad no es muy diferente a la que vivía Israel cuando el profeta Baruc los incita a la alegría ¿Alegría en el destierro, en la pobreza, en la penuria, en la lejanía de la Ciudad Santa, en Babilonia? ¡Sí!: “Vístete para siempre con el esplendor de la gloria que Dios te da; alégrate pues tus hijos, que salieron como esclavos, volverán como príncipes”. Todas las creaturas están para servirte, el camino será llano, la frescura de los árboles te dará sombra; el Señor es tu Pastor “te escoltará con su misericordia”.

Volviendo los ojos a nosotros: ¿alegría en las angustias económicas, en medio de los conflictos sociales, junto a hermanos que padecen hambre, frío, segregación? ¿Alegría en un mundo roto, donde los pasos tropiezan en subida, donde los árboles no pueden dar sombra porque están talados? ¿Vestirnos de gloria ante lo incierto del mañana, la escalada de precios, la sordera de los poderosos, la impotencia creciente ante el ansia de poder que destruye a los hombres? ¿Alegría cuando, junto con Dios, nos sentimos desterrados, lejos de la paz y la justicia? ¡Sí!, porque la Palabra se sigue pronunciando con la misma fuerza creadora y liberadora del inicio: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios, nada fue hecho sino mediante la Palabra y cuanto existe subsiste en ella”.

Palabra que en Jesucristo se hace carne, como uno de nosotros, que viene a enseñarnos con su vida y su entrega, el camino que desemboca directo al corazón de cada uno, que conmueve y remoza, que convierte y transforma, que nos hace reconocer, más allá de lo que nos aprieta y acongoja, que “el Señor ha hecho grandes cosas por nosotros”, es quien alimenta la sólida alegría, la que supera todo, la que sabe que ha elegido el camino correcto aun cuando las circunstancias parecieran decirnos lo contrario.

Fidelidad y convicción, las que comunica Pablo a los filipenses; oración que hermana y mantiene tenso ese lazo de unión: “Siempre pido por ustedes”, descubre la razón, además del afecto: “Lo hago con alegría porque han colaborado conmigo en la  causa del Evangelio”. La Buena Nueva es el dinamismo porque en el centro está Cristo Jesús; la seguridad es plena porque “Aquel que comenzó en ustedes esta obra, la irá perfeccionando siempre”. Ni son ellos solos, ni somos nosotros solos, es la Gracia, es “el conocimiento y la sensibilidad espiritual”, lo que nos hará producir “frutos de justicia para gloria y alabanza de Dios”.

Lucas nos sitúa en el tiempo y en la historia, en el momento del reinicio de la Voz que viene a anunciar que la Palabra ha llegado; resuena en el desierto, en la meditación, en el silencio interior y exterior. Rellenar los valles, abajar las colinas: ni humildad inactiva ni soberbia altanera; horizonte sin límites que “permita a todo hombre ver la salvación de Dios”.